Por suerte, lo que extraño, ya no tiene nombre y apellido. Está difuso. Se va perdiendo. En realidad, ya se perdió.
Pero, ¿qué extraño? ¿Qué ocupa mi mente?
Mi mente está ocupada por un espacio que nadie está ocupando. La investidura que ese alguien dejó. La investidura que a ese alguien tampoco le exigí volver a ocupar. El orgullo de ambos hizo que ese lugar quede vacío. Y hoy me pesa la preocupación a que "intempestivamente" vuelva a quedar vacío. Lo que no se vea venir.
Proyecto algo, con ese ente, que no posee cara ni forma. Sólo recuerdos o principios que deseo recuperar.
Extraño el ser compañero. Tener un confidente. Pero uno especial. No sé si con los honores de pareja, aunque el concepto "pareja" es muy subjetivo en tiempos modernos, donde uno puede caracterizar de pareja a ese compañero; aún en el contexto en que ese compañero no sea el correspondido como tal o no se sienta como tal.
Sí, en un vínculo humano siempre hay uno que estima más. O que anhela más.
Imagino volver a un vínculo humano donde aparte se es confidente. Se es la desnudez de la personalidad, donde no existen vergüenzas ni temores. Donde ni existe lo construido socialmente como "cautela".
Donde no existe hipotéticamente el tiempo y el descanso, porque no hay nada que recuperar, ya que todo se aprovecha. Extraño el compartir con alguien el tiempo literal y que ese tiempo no lo cuantifique como perdido, cuando se aproximan otras responsabilidades y se debe descansar. Porque compartirlo con ese alguien es productivo. Es energético. Sería como una droga. En la cual no habiendo descansado, existe proactividad igual, debido a que hay algo más en tanta nada.
Extraño el compartir con ese alguien hasta lo más privilegiado de uno: la familia. Pero no como un amigo más. Es "mi amigo" y algo especial que sólo él y yo conocemos.
Tampoco es una cuestión de títulos, sino de emociones, de pasiones. De autenticidad del día.
En fin, extraño ser y que me sean compañero. De vida o al menos de una hoja de ruta, en tramo de ella. Pero para volver a lograrlo, debo superar lo gris que me ocasiona el racionalizar los vínculos humanos que veo como contratos. Y que como en todo contrato puede existir la mala fe de la otra parte.
Visión que capaz sea un mecanismo de defensa, ante la falta de palabra o cobardía, de algún ser plástico perdedor que antes ha sido mi gran confidente.
Óptica que capaz relativice y mejore, dando lugar a la esperanza y a la confianza en el otro.-


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