Observo y observo. No tanto nuestras reacciones, porque eran esperadas. Quienes pasan de ser oficialistas, a ser opositores… irrita un poco. A nadie la gusta perder, aunque se caretee.
Pero, me interesa no tanto la reacción de los nuestros. Sino, de los otros.
Los que pasaron de oposición a oficialismo. Pero, analizar la composición, como lo fue en un primer momento la nuestra: Los ciudadanos comunes adherentes y los militantes PRO.
El ciudadano común, el no militante, entiende o quiere creer que “cambiarán” los tratos, la militancia y demás. Tiene una perspectiva de la política más “armoniosa”; claro, la vive de otro modo. No la participa activamente, más que alguna que otra perdida publicación en su red social y la emisión de su voto.
Lo que no entiende es algo y se resume a una palabra: política. Y sin teorías, de las que uno puede estudiar en alguna materia que lleve su nombre. Es la política en su práctica, muy lejana o difícil de “encapsular” en teorías. Capaz se requieren dos o diez teorías entrelazadas que puedan llegar a dar un mapa conceptual la enmaraña que es la Práctica de la Política, desde su base a sus líderes.
Ejemplo, mi cuenta de Facebook. Poseo a todos. A los de un bando, como los del FPV (seríamos del peronismo, los K, al que pertenezco). Del otro bando, los de la UCR (familiares, como mi primo por adopción, que aprecio al margen de chicanearnos –hablaré sobre ello-). Del otro, a los del PRO (entiendo a algunos, como a mi amiga compañera de la Facultad, a otros no). Progresitas (entre ellos una de mis queridas amigas), del FIT (entre ellos, mi adorada colega), de Patria Grande, del peronismo en general, del Comunismo y demás (todos buenos compañeros, colegas y vínculos que poseo).
Se han dado cuenta que todos somos militantes. El ciudadano común, el que no participa en política, el fácilmente “engañado” por cualquiera de los sectores más duros de los espacios que he nombrado, le cuesta comprender… ¿qué? Entre otras cosas:
-Publicaciones. Cuando no las analiza quien las emite y para quien va dirigida (ejemplo, las mías, ácidas o duras por cierto, en algunas ocasiones).
-Debates. Considera que uno responde agresivamente a quien responde. Y a quien no, cree que uno no lo hace porque el otro es del lado de uno. Error, esa “agresión”, se llaman “chicanas”, algunas más o menos subidas de tono, entre los del mismo u otro bando militante. Pero, es habitual en política y es lo que hace a la pasión con la que se vive. Se entiende que el ciudadano común es susceptible a ello. Por ello, en la vida cotidiana, cuando un militante se vincula con un ciudadano común, advierte que este último dice: “Leí tus comentarios y tratás mal al otro”, sin entender que “ese otro” es otro militante con la que ya hay un vínculo político construido con ese trato, explícito e implícito.
-Discursos para la masa. Lo poseen todos los espacios. Hasta “Cambiemos”, que es lo nuevo. No hay espacio político dominante o con resonancia en el Pueblo, sin una masa que conduzca. Aún cuando un adherente a “Cambiemos”, diga que no es así esa teoría. A su pesar, es parte de la masa social que fue conquistada por un hilo discursivo que “pegó” en el inconsciente colectivo.
¿Eso es malo? Para nada. Es la política y el uso del poder, discursivo y real. Encuadrado en la democracia. La maravilla del mejor tipo de política creada en este mundo.
Pero, fuera de todo esto, ¿qué observé? Particularidades.
El ciudadano que ayer no era opositor, ni oficialista… hoy es oficialista (en menor medida, he encontrado la viceversa también, ante su preocupación). Tiene ese sentimiento “triunfador”. Y está bien. Pero sirve, para el resto, para que despierte de sus “prejuicios”. El militante político es el resultado de “sentido de pertenencia” a un movimiento político que se embandera en una o varias ideologías que lo representan. Son los ciudadanos comunes con un poco de interés en la política que están a un paso de militar, que nunca se animaron a reconocerlo, porque se creyeron “apolíticos” (sabemos que ello no existe).
Observo, por ejemplo, que ahora comentan en mi muro, cuando yo jamás lo he hecho en el de ellos. Ojo, me encanta, porque mi cuenta, a diferencia del común denominador, no oculta, borra, ni bloquea a nadie por como piense o hable; me banco todas. Leo todo lo que me aparece, si es que me aparece en el Inicio. Jamás busco el perfil de “alguien” para ver que piensa. Mi cuenta es ejemplo en democracia (nadie lo puede negar, nadie).
Hoy llevan una bandera “Cambiemos” en sus comentarios. Y ello no es casual, es causal. Se están convirtiendo en militancia. Los felicito, pero sólo a los que no llevan hipocresías. Están entendiendo lo que es pelear por sus ideales. Antes me decían a mí “fanático”, porque no comprendían lo que era participar en la política o enarbolarse una bandera política e ideológica. Y poseen misma reacción que yo, que no cuestiono sino que felicito. Porque lo que necesitan naciones como la nuestra son más ciudadanos partícipes activamente en política democrática.
No es fanatismo. Aunque si lo fuera, no es el fanatismo ortodoxo y duro. Las críticas, que siempre el público quiere que se hagan en ese espectro, se hacen en lo privado o reducido. Sería lo mismo que tildara de fanático a un Católico, o a quien se casa en una Iglesia, a los cuales considero que son los culpables de muchísimas matanzas humanas, tapadas con un excelente discurso de fe y respeto al prójimo, y punitivo del alma si no se lo respeta a un supuesto Dios. Y no es así. La fe no se puede cuestionar. Como tampoco, en política, las ideas y los proyectos cuando se pisa el umbral de la ideología (hay que darse cuenta cuando se pisa ese umbral).
O me tildaban de “soberbio”, porque tampoco comprendían que cuando uno habla con fundamentos ideológicos, empíricos y/o de archivo, posee un “impacto” shockeante por sobre las percepciones de quien acostumbra a hablar por hablar, de oído, o es susceptible a los rumores trágicos que sirven para mentes fáciles de victimizarse o sentirse parte de una sociedad “golpeada”, para desligar responsabilidades a factores externos por propias frustraciones e incapacidades. O simplemente, por carente de pasiones en algún rubro humano, como deportivo, académico, religioso, medioambiental, etcétera. Y si lo tiene, reina su mirada esquemática en no aceptarla en la política. Porque la política, gobierna por sobre todo lo que haya en el mundo. Por sobre TODO: Hasta en el sabor y componentes del caramelo que acabás de comprar o si tu perro puede o no ladrar.
Pero, el ciudadano común, el que está seguro que no militará jamás, vuelvo, no se ilusione. Entiendo su “fe”, su “esperanza” y demás. Insisto, lo nuevo aparenta realmente nuevo, pero no lo es más que en las políticas directas, algunos actos de Gobierno, pequeñas prácticas comunicativas y demás.
En lo que es la práctica política de lleno, desde la base, desde la militancia también posee sector duro. Podría decirse “de choque” y conformado por sujetos chocantes y asquerosos, que muestran la peor expresión de la política, enmarcada en la ideología que posea ese movimiento. Todo movimiento político, social y religioso (o lo que fuere) lo posee. Son los vínculos humanos organizados.
Ejemplo, en un kirchnerista/peronista/izquierda/progresista uno puede encontrar al que repite sin parar: “Gorila, forro, hijo de puta antipatria”, etc. En un Radical: “Hijo de puta, ignorantes, brutos clientelistas”. Y en un nuevo “Cambiemos”: “Negros de mierda, gordos forros de la periferia, choriplaneros, camporongas vayan a estudiar”, más o menos esas expresiones. Creo que no es necesario recordar la tapa de la revista "Noticias", opositora al kirchnerismo, anterior a la división que tanto se habla originó el kirchnerismo, con la foto de la Presidenta de la Nación MASTURBÁNDOSE.
Cada peor expresión, como todo movimiento la posee, encuadrada en su ideología o forma base de pensamiento. Sorprendidos por la peor, ¿no? Bueno, ella fue sacada de un militante del PRO, no cualquier militante. Uno que empezó solo en Mar del Plata, de apellido particular. Quien milita, en Mar del Plata, sabe a quién me refiero. Hoy es peso pesado en su espacio de militancia. Y quien milita, en cualquier espacio, sabe que ello no falta a la verdad. Incluso, es moneda corriente en ese espacio político, al observar distintos foros de comunicación en Internet donde participamos distintos militantes de todos los espacios. Eso es violencia real, decorada de sonrisas y colores vivos, que brindan frescura, con globos que dan sensación de inocencia e infancia.
Yo respeto y entiendo al ciudadano que elige o participa por convicciones, tradición o ideología. Incluso al que ha votado confundido, sin percibir los metamensajes discursivos. Pero me cuesta mucho respetar a quien lo hace sin conciencia de clase, burlona o por "anti" algo. El sujeto, y esto es universal, que se denomina "anti" algo, te da la pauta que su estructura de pensamiento es obtusa, tonta e impulsiva (es decir, carente de razón).
Entonces, Sr. Ciudadano Común. Le notifico: nada cambiará, más que en los actos de Gobierno reales. Es decir, lo que decida un Ejecutivo. El resto, es lo mismo. O peor. No se crea ese falso discurso de unión, armonía, paz y amor. Aprenda a contextualizar y analizar discursos y movimientos sociales.
La división existe y siempre existió, mucho antes del kirchnerismo aquí en Argentina. La diferencia es que no existía la intercomunicación que hoy existe, que permite la percepción más real de esa división. Cada movimiento político y social se conforma por: dirigentes, norma, militantes y adherentes; alrededor de todos ellos, el ciudadano que observa y vive sin involucrarse en tales movimientos.
Luego del 10 de Diciembre de 2015, mi programación pasará de oficialista a opositor (les sucederá a varios no militantes en viceversa, convirtiéndose en todo lo que criticaron). Recordando la decisión, en el marco de mi ideología y espacio para defender y representar a los no "anti". Porque, en mi caso, "anti PRO", no seré. Al margen de que haré uso de algunas prácticas sensacionalistas y trágicas, como han hecho contra nuestro movimiento. Advierto desde hoy.
Lo que debemos proteger, ustedes y nosotros, es la democracia, como lo fue este domingo pasado, que por cierto, fue maravilloso. El funcionamiento de las instituciones en el marco de las normas democráticas y diversas.
Pero, como dijo un compañero, siempre hay que proteger que “la idea de un país mejor, sobrepase al ombligo de uno”.-


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