Querido:
Me has hecho una marca, es indudable. Ha pasado un mes. Mis pensamientos estuvieron y están recurrentes estos días. Incluso yo me agoto de mí mismo. Pero la careteo, lo mejor que puedo. Aunque me salga mal, como ahora, como hoy.
Desarmar mi mochila, días atrás, con mis cosas preparadas para ir a tu casa, con tu material de estudio, mi ropa… y un chocolate que te llevaba de regalo. Tenía la tonta ilusión de conservar todo tal cual quedó. No usarla más. Pero no, todo debe continuar.
Qué desgarro al alma siento. Te necesito. Te extraño. Te quiero abrazar, fuerte… otra vez. Besarte la frente, pero con tu calor.
Me dijiste “quereme, no te vas a arrepentir”. Y te quiero, pero me quiero arrepentir. ¿Por qué? Porque nos soltaste la mano. Te informo, aunque sea tarde, que eras la primera persona a la cuál le desnudaba, sin pruritos, mi querer. Estaba aprendiendo a querer. Me habías pedido, en algún momento, que no te la suelte. No te la solté. Sin embargo, vos sí con esa puta y re puta decisión.
Nos alejamos mutuamente. Yo porque no me hacías caso al querer ayudarte. Vos porque no querías ver la ayuda.
¿Qué necesidad? ¿Por qué? ¿Qué sucedió un 29 de Septiembre que te remordía tanto? ¿O son las poco creíbles casualidades de la vida?
Me dejaste dolor… angustia. Y recuerdos lindos que quiero volver a vivir.
Esa sonrisa hermosa. Ese tirón del brazo cuando me hacías ofender, seguido de un beso, llevándome nuevamente hacia vos. Ese pedido de abrazo, a la hora de dormir, y que no te dé la espalda… que te proteja.
Los “te quiero”. Los tanto “te quiero”, que han quedado en mi corazón. “Patricio, ¿podemos hablar? Tenés 26 años sólo porque pasaron los años”. “Decile al pelu, que dice tu pareja que te quiere rapado.”
Tus ilusiones truncadas de “ser abogado, no sé cuando pero algún día lo seré". Y las mías, de esos tres últimos días hasta ése último mensaje tuyo, de volverte a ver... la más importante: la de darnos otra oportunidad.
Me circula calor en la nuca, frío en la espalda, cuando pienso en lo que experimentaste. También, al intentar reproducir tu sensación, tus recuerdos de ese instante, de buscar lo desconocido. Imaginar tu corazoncito, que tantas veces he oído latir, detenerse; al imaginar tus ojitos, casi achinados, cerrarse y sonrisa borrarse con tu voz desvanecerse. Y todo para siempre, sin vuelta atrás.
“Quiero vivir en libertad Pato. Algún día podré.”
¿Te volveré a ver? No sé. Lo que sí sé es que, mientras viva, tendrás un espacio guardado en mi corazón por si esa ilusión, de que vuelvas, se hace realidad. No comprendo la muerte. Menos si se trata de la tuya. Porque dabas sentido y contenido, a pesar de que ni algunos de mis mejores amigos lo sabían.
Busco creer en lo que no creo, para darte continuidad. Busco creer en algo que no sé si existe, lo que sea, para que me ayude a aceptar desde el agradecimiento 'de corazón' del día anterior, por estar a tu disposición, hasta el "NO" y el "BASTA" que diste a entender; ésto último no sólo a mí, sino a todos.
“Te quiero Pato, nunca lo olvides (El ‘nunca’ es para que lo tengas siempre presente)”, me afirmaste.
Necesito tu olor, tu ropa, tu calidez. TUS BESOS.
Escribir, llamar, ir, hablar… son acciones que no dejaré de hacer cuando las sienta. No las reprimiré más. Ayer fue tarde y un mañana no hubo, eso me deja perplejo.
Me siento tan incomprendido en este dolor. Es un vacío inexplicable. Un mes, triste y confuso. Uno de los más difíciles de los que llevo. Sos el responsable de esta sensación de propia locura, de esta ciclotimia que no puedo controlar. El responsable de que tome esto, en ocasiones incómodas, con humor negro para no romperme en llanto. El responsable de que posea, reiteradas veces, miradas perdidas sin horizonte. Miradas buscando, capaz, proyectarte en algún espacio y tiempo especial.
¿Qué necesidad de estar ahí frío, con gente desconocida, solo y sin abrazos? ¿Quién te va a mimar en la cabeza, hasta que te duermas, y respirarte en el cuello?
Respondeme, por favor, te lo suplico… No tengo voz, ni fuerzas, para repetir estas preguntas… ¿quién va a responder mi llamado cuando deje de ser cagón en el amor? ¿quién va a responder mi mensaje de texto cuando haya una hermosa luna reflejada sobre el mar para ir a mirar?
Ese aroma a verano. A aire fresco. Ese clima nostálgico de días marplatenses. O esa tarde de tormenta de verano, con el viento silbar por la ventana de tu casa, en Necochea, cuando nos besamos por primera vez. Parecía todo preparado para que se diera. Como lo extraño. ¡CÓMO TE EXTRAÑO, carajo!
¿Quién me va a pedir ayuda con la Facultad? ¿Quién va a estar ahí para cuando me levante un día de sol radiante con ganas de escribirte? Quiero respuestas. Quiero me escuches… quiero escucharte y que me digas.
Diste lugar a varias relaciones que ojala se hagan fuertes a
mistades, donde la muerte no será la que nos una, sino la vida y comprensión. El abrazo y el acompañamiento. Los buenos y malos momentos. Relaciones que espero todos podamos aprovechar y disfrutar.
Según se dice, nada se pierde, todo se transforma. Vos te has transformado en recuerdos nostálgicos, que serán día a día purificados por la felicidad, nuevas amistades, y ganas de seguir. Te has transformado en unión. En abrazos y gratos mensajes. En una lucha por vivir; en una lucha por querer y amar. En un dilema entre el temor y el coraje.
Te necesito para resolverlo. Para dar la vuelta de hoja y continuar el libro. SÓLO ESO.
Te extraña, recuerda y quiere,
Pato
PD: ¿Te acordás lo que me dijiste una vez? Estoy seguro que, en esa relación, era yo.



No hay comentarios:
Publicar un comentario