domingo, 25 de julio de 2010

Cultos tristes, ignorantes felices

Sí, seguro. Sé que lo han escuchado. Y no sé que es lo que han pensado al escucharlo. Sí, es verdad, lo hemos repetido en sintonía de una resignación ante un fracaso. Pero bueno, era resignación; un estado emocional que a uno lo exime de responsabilidades a nivel académico, a veces, ¿no?

En fin, yo también he escuchado ese llano dicho de: “Al fin y al cabo, los ignorantes son felices. Los cultos, amargados por no poder ser entendidos, son tristes y se enferman”. Y lo he repetido, claro. Pero nunca dejé de ser consciente de que se lo ha usado tanto, que excede, hoy en día, al análisis de poder que pretendía quién la formuló. Ya es una herramienta de tácita opresión a quién comienza a dudar.

Esa frase, creo yo, es una afirmación tristemente desvirtuada, y exagerada, por el neo-capitalismo. Delimitando un estereotipo de felicidad para aplacar.

Ésto excede, también, a las clases sociales, si hablamos de la división de una sociedad en base al poder económico de sus integrantes. Pero juega mucho con las clases sociales intelectuales. Esas clases sociales que son oprimidas y desplazadas por métodos perversos de control, de esta sociedad mundial de control. Instrumentos médicos, para callar a quién piensa demasiado; mecanismos legales, para limitar a quién exige sus derechos, avasallados por conceptos arcaicos; instrumentos económicos, para limitar la difusión, y participación, de eventos de debate, de lectura, o simplemente, para limitar, en ocasiones, el acceso a la información. Y así sucesivamente. Todo para recordarnos que estamos bajo las manos de algo.

Hay veces que se confunde el poder adquisitivo, o el título profesional, con la sabiduría del saber. De hecho, muchos de ellos, alardean éxito enfrente de sujetos que no los envidia, sino que los analiza. Aquél que ha alardeado, pocas veces, percibe que es observado., y se ríe de quién lo hace. Se ríe, simulando despreocupación, y capaz acusando con un: “Debo ser muy importante para él”. Pero se equivoca.

El que lo observa, no deja de sorprenderse. Pero no por una admiración ni de aprecio, ni de desprecio, hacia ese alguien particular. Sólo se sorprende por cómo el sistema le digita sus conductas, haciéndolo creer poderoso y superior al resto, desconociendo así, su ocupación de títere, que ejerce en el rol que le ha asignado una sociedad cegada y limitada, en la formulación y novación de ideas.

Es verdad, habría que conceptualizar a un culto y a un ignorante. Pero dejémoslo abierto a la libre interpretación, para propias conclusiones. Es importante no actuar como a quién uno cuestiona, es decir, con pre-conceptos que nos alejen de un “por qué”, o de respuestas fundadas, o de investigación personal, para que no nos instalen ideas que no sabemos por qué existen, ni de dónde han surgido.

Y pensar que todo ésto me surgió de una película de comedia argentina, "La Colimba a Ataque", del Gordo Porcel y Olmedo, de mediados de los '80, en una democracia temerosa [por un atontamiento instaurado en la última dictadura militar]. Un knock out cultural, que orgullosamente, en la pantalla grande ha culminado. Pero, en la pantalla chica, aún se lamenta con el amarillismo explícito y el de guantes blancos. La calidad de guiones de cineastas de determinados países, hablan mucho de la sociedad de ellos. También están muy relacionadas las circunstancias críticas de cada nación, que se intentan aplacar en un momento determinado, ¿verdad?

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